IA

IA Generativa sin reducción de jornadas

La adopción de la IAGen en las empresas para ganar productividad necesita de la actitud transparente y colaborativa de las personas; y las personas necesitan confiar en el reparto del valor agregado.

"¡Cada vez mejor! Desde que empecé a pagar la versión premium de la IAGen, hago todo en la mitad de tiempo".

¿Has escuchado una conversación similar? La paradoja es clara: ¿Por qué un empleado paga por una herramienta que su empresa podría proveer?

Las respuestas que obtengo me remiten a un concepto conocido como “el uso oculto de la IAGen”. Apenas iniciado el boom del chatGPT 3.5 y su arquitectura transformer, leí encuestas de su uso en empresas, con dos datos contundentes:

  • Su incorporación a las tareas de la empresa no fue con el tradicional top-down, sino en sentido inverso. Los empleados que la usaban en su vida personal la llevaron a su vida laboral
  • La mayoría de ellos no se lo comunicaron a sus jefes. Sobre 11.700 profesionales americanos encuestados (Fishbowl/Glassdoor, 2023), el 68% lo ocultaban.

Aún en este año dicha tasa continúa alta. En una encuesta sobre 32.352 empleados de 47 países (Gillespie et al, 2025) ronda el 61%.

En la búsqueda de las principales causas de este comportamiento, vinieron a mi memoria dos términos de la Sociología constructivista-estructuralista de Bourdieu que creo lo describen bien: Habitus e Illusio.

El primero describe el sistema subjetivo de expectativas y predisposiciones que influyen sobre su manera de pensar, sentir y obrar en consecuencia. ¿Qué expectativa tiene ese colaborador sobre el reparto de las ganancias por la mejora de productividad que él aportó apalancado por su copiloto de IAGen? ¿La empresa incorporará la optimización y comenzará a exigir el nuevo umbral de productividad al mismo sueldo? ¿Reducirá la jornada laboral abonando el mismo sueldo, ya que obtiene el mismo resultado con los mismos costos?

La etimología del segundo es clara: “in” entrar y “ludum” juego. Refiere al interés que los agentes sociales tienen por participar en un juego de relaciones (en el caso laboral, las relaciones necesarias para que el negocio suceda). ¿Quiere el colaborador participar en el juego que le propone tradicionalmente la empresa o prefiere reescribir las reglas (en conjunto, o cada uno por su parte, sin siquiera comunicarse)? ¿No hubo algo de este comportamiento en la crisis pospandémica de la “Gran renuncia” (Great resignation o Big Quit)?

¿Y si, aprovechando este “momentum” pensamos creativamente “fuera de la caja” y hacemos un pacto con reglas del juego que nos gusten a todos los stakeholders en búsqueda de la Illusio Socioeconómica?  Les propongo salir del laberinto del uso oculto de la IAGen “por arriba”:

La adopción de la IAGen en las empresas para ganar productividad necesita de la actitud transparente y colaborativa de las personas; y las personas necesitan confiar en el reparto del valor agregado con mejor equilibrio vida-trabajo. El gran potencial de mejora de la revolución de la IAGen permite, si lo acordamos, un reparto win-win: Con una mejora del 50% podremos reducir la jornada al 80% y obtener un 20% de mejora de la producción. Y, en su círculo virtuoso, la reducción de jornada que está siendo puesta a prueba bajo el modelo 100:80:100 muestra tendencias positivas adicionales. Según el informe de la organización 4 Day Week, debatido en el Foro Económico Mundial (Davos), que impulsa pruebas en todo el mundo, los resultados muestran menos ausentismo, más compromiso, y mejor clima laboral:

  • 82% mayor equilibrio en la vida laboral y personal.
  • 37 % reducción de problemas para dormir.
  • 34 % mejora en la salud física.

El verdadero cambio no es sólo implantar una nueva tecnología ni trabajar un día menos por semana. Es gestionar la adopción de la IAGen en el ámbito laboral bajo el lineamiento de una productividad socioeconómica colaborativa como objetivo y cambio cultural.